Los empachos y los sobadores.

 



Hay mi madre, jajaja, este es un tema que me identifica muy personalmente, porque si hubo alguien que de pequeño vivió
empacháo, ese era yo, bueno, también debo decir que mi apetito era voraz, eso también es cierto jajaja. Aunque vamos a ser francos, quien se puede resistir a un pellejito de puerco asado bien tostadito, esos que son los más propicios a pegarse en el estómago. Pero bueno, vamos a seguir con el tema que no es de mí del que estamos hablando.

En La Tinta de Jauco los empachos forman parte de los padecimientos más comunes en los niños, aunque los adultos no se quedan exentos. Según los viejos de antes, los empachos son como una especie de bola de comida que se pega en el estómago, aunque hasta de agua uno se puede empachar y son hasta los más malos. En ese momento, en el que uno se empacha, llegan muchos síntomas entre los que resaltan las fiebres, la falta de apetito, dolor de cabeza, mareos, escalofríos y hay hasta quien se retuerce y se engarrota como decimos aquí.

Incluso los médicos en ocasiones, desafiando el conocimiento y las reglas dictadas por la medicina, cuando se encuentran frente a algún paciente con ciertos síntomas, tienen en cuenta la posibilidad de un empacho. Sé que para algunos incrédulos “eso” lo denominan como mala digestión y puede ser cierto, pero también es cierto que el empacho existe y que los sobadores tenían y tienen la habilidad y el misterioso conocimiento de curarlo. Los sobadores tienen muchas formas de cortar el empacho, hay quienes lo hacen usando una toalla, otros mediante un rezo u oración sobre la barriga y el estómago (abdomen) y otros pasando la manos sobre las pantorrillas, o más bien desgarrando las pantorrillas con unos masajes que llegan al alma, y se suaviza la piel con alguna crema o hasta con un poquito de aceite de cocina, hasta que el bulto se va deshaciendo ,luego te traqueaban los dedos , tres tragos de agua ,tres brincos, y algún purgante. Debo decir que, si funciona, luego de este ritual, los síntomas del empacho comenzaban a disminuir.

En La Tinta de Jauco existieron y existen todavía grandes sobadores que pusieron sus manos sobre generaciones de tinteros arrancando empachos y aliviando no solo aquellas dolencias, sino también trayendo paz y tranquilidad a las familias desesperadas que muchas veces habían agotado hasta el último recurso, incluso la medicina. En esta enorme lista de sobadores debo dejar plasmado el reconocido nombre de Graciolo, a quien yo de pequeño llamaba a gritos en medio de mis empachos y quien visitó infinitas familias no solo cortando empachos, también secas, disípelas o erisipelas (linfangitis), ojo de peje (ojo de pescado) y otras de estas misteriosas enfermedades que, aunque tengan su explicación médica, también tienen un vínculo con lo místico.

Yo doy fe de ello, y no solo por los empachos, también recuerdo una vez, mientras estaba cursando el pre universitario, me salió un ojo de peje en la parte superior de la muñeca izquierda ,se me puso muy feo y grande porque yo me lo cuquié, y como era costumbre Graciolo , que vivía en El Rincón, aprovechó que bajo a la tienda y se llegó de un saltico a mi casa , y con mucha solemnidad se acercó a mí ,me cogió la mano ,miro el ojo de peje y me dijo ,tráigame unos palitos de penca de coco y un pedacito de hilo, rápidamente lo hice, hiso tres cruces con los palitos ,las que amarro con el hilo ,y luego con cada una de ellas hiso una oración sobre el ojo de peje, fue muy bajito ,no llegue a escuchar ni una sola palabra , luego que terminó me dijo, vaya y entierre estas tres crucecitas en un lugar fangoso ,y así mientras se vayan pudriendo las tres cruces ,el ojo de peje se va a ir poniendo chiquito hasta que desaparezca y  fue exactamente lo que sucedió , sin marca ni vestigios de que hubiese tenido algo como eso en mi muñeca. Pero no fue solo Graciolo de tanto conocimiento y misterio, a esa lista puedo incluir a Gango, Josefina, Irailda, Lilio, Virginia de Cagüeyva y otros que en cada barrio y comunidad de La Tinta de Jauco han dejado una historia y una marca que corrobora todo lo que aquí he escrito.

Tal vez para muchos estas sean solo supersticiones o ideas que se hacen los guajiros por la ignorancia o el desconocimiento, pero tengo los argumentos necesarios para mostrar que los empachos son ciertos y que los sobadores lo quitan, y no lo hago solo por mi experiencia personal, sino por toda la historia y todas esas anécdotas que tienen todos los que vivimos en La Tinta de Jauco y otros que, aunque no son de estos rumbos han vivido en carne propia esta fantástica pero real experiencia. Aunque muchos no lo crean o no lo vean desde ese punto de vista, los sobadores son hombres y mujeres que encierran un conocimiento misterioso y místico que ha formado parte indispensable de nuestra sociedad, más aún, la de los campos de Cuba. Cuando médico, medicinas y hospital, eran palabras que no se conocían en estos lares, eran estos seres de esperanza quienes curaban, eran las parteras las que ayudaban a traer al mundo a muchos niños. Todo esto es indispensable a la hora de hablar de nosotros, todo esto merece ser recordado a la hora de escribir nuestra historia, sin omitir detalles, lo necesitamos, forma parte de nosotros, es que somos eso, historias y misterios, tradiciones y cultura, somos la serranía y los habitantes de ellas, y los que conocemos a detalle toda su magia, eso no lo podemos olvidar.

 

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