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Mostrando las entradas de diciembre, 2024

El ritual de tostar un café.

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  Hay una magia en ese rito, existe algo mítico que se queda grabado en la mente de quien puede o ha vivido la experiencia de ver tostar un café. El caldero bien tiznado y ya manchado en su interior por la inmensa cantidad de veces que ha visto el baile de los granos de café cambiando de color y desprendiendo ese aroma, el más sensual del campo. Comienza el ritual, ella con su cabello cubierto para no dejar impregnar el olor que es inevitable. El humo invade la cocina y se dispersa por doquier en columnas que viajan por el barrio anunciando que "alguien está tostando café". Sudando y meneando sus brazos que mueven una paleta de madera del mismo color que el interior del caldero, sube y baja, adelante y atrás remueve sin descanso el montón de granos que ya ha perdido su color natural. Así continúa hasta un momento, un instante exacto en el que comienza lo más importante y lo que distingue a un café tostado del otro, añadir el azúcar. ¿Cómo?, ¿cuándo?, qué cantidad?...

Los empachos y los sobadores.

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  Hay mi madre, jajaja, este es un tema que me identifica muy personalmente, porque si hubo alguien que de pequeño vivió empacháo , ese era yo, bueno, también debo decir que mi apetito era voraz, eso también es cierto jajaja. Aunque vamos a ser francos, quien se puede resistir a un pellejito de puerco asado bien tostadito, esos que son los más propicios a pegarse en el estómago. Pero bueno, vamos a seguir con el tema que no es de mí del que estamos hablando. En La Tinta de Jauco los empachos forman parte de los padecimientos más comunes en los niños, aunque los adultos no se quedan exentos. Según los viejos de antes, los empachos son como una especie de bola de comida que se pega en el estómago, aunque hasta de agua uno se puede empachar y son hasta los más malos. En ese momento, en el que uno se empacha, llegan muchos síntomas entre los que resaltan las fiebres, la falta de apetito, dolor de cabeza, mareos, escalofríos y hay hasta quien se retuerce y se engarrota como decimos aq...

El blanquillo.

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  Una de las imágenes más hermosas de las campiñas cubanas, son esa en las que aparece la palma real, con unas montañas de fondo y donde sobresale el pequeño bohío, de tablitas de palma y muy bien cobijado de guano. Esos paisajes que denotan la belleza y la sencilles de los campos de nuestra isla. Pues en esta parte del libro te quiero contar como esos bohíos lucen tan hermosos a pesar de su humildad y simpleza. Como ya comprenderás esos temas de pinturas de vinil o aceites de colores vivos y en gran diversidad es muy limitada para la mayoría de los intrincados pueblos de Cuba como es el caso de La Tinta de Jauco y sus comunidades aledañas. El centro del pueblo desde tiempos pasados siempre estuvo un poco más actualizado en este aspecto, las casas lucían sus modernos colores, pero los bohíos de más adentro, los de tablitas de palma, guano y piso de tierra también se engalanaban y sin no me crees, pues espera que ahora te cuento. Como explique en otra parte del libro los bohíos ...

El mal de ojo.

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  El mal de ojo es un tema bastante polémico, unos afirman que es cierto, otros dicen que son supersticiones y boberías de los viejos de antes. Lo que sí es cierto, es que aquí casi todos, adultos y jóvenes anduvieron con un azabache o unos ojitos de Santa Lucía colgados en sus ropitas de bebe. “El mal de ojo es muy común en los niños pequeños, de tanto alabarlos, elogiarlos y celebrarlos, les cae una cosa, un llanto y una majadería hasta que se “ desmondingan ” entonces hay que traer alguien que sepa de eso para que santigüe al niño o la niña”, Usan un gajito de albahaca, abrecaminos y otras planticas más que cuando se termina el ritual quedan toda mareadas, esto es señal de que han recogido el mal de ojo y todo lo malo. Bueno aquí se cuentan historias de niños que los han matado de un mal de ojo, por eso es tan recurrente ver a las familias de los recién nacidos al tanto de que esto no suceda, y si sucede rápidamente se hace lo que se tiene que hacer. Pero no solamente esto...

Los rezos a los difuntos y los altares a La Virgen de la Caridad del Cobre.

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  Todos conocemos con exactitud que, aunque los primeros habitantes de la isla eran los indios o los aborígenes, quiénes tenían su propia cultura y religión, fue la religión católica introducida por los europeos, la que se arraigó con más fuerza en nuestra isla y cómo es esperar, La Tinta de Jauco forma parte de esto. Por su cercanía a Baracoa, La primera Villa fundada el 15 de agosto de 1511 por los españoles en Cuba, Jauco, desde sus inicios, se vio influenciada por la religión católica, tan así que uno de sus primeros habitantes, el italiano florentino, Francisco Gaita, católico de cuna, trajo consigo una cruz, la cual colocó uno de los horcones que sostenían su hamaca, y dónde se persignaba cada mañana. Así lo describió el Dr. Luis Montané. Y, además, en 1855 se colocó una cruz de parra en el pueblo. Desde aquí en lo adelante, Jauco se fue desarrollando, y la religión predominante era la católica, pero no se tiene registro de que haya existido alguna vez, algún templo catól...

La Mesa, madre protectora.

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Cada paisaje tiene su fondo único, ese que observamos con detenimiento para grabar sus detalles, ese que distingue un lugar, uno que da identidad y uno que se ama, para el barrio de La Tinta de Jauco, La Mesa es ese fondo protector, el que nos abraza para dejarnos ocultos del mundo. Recuerdo nostálgicamente las mañanas lluviosas cuando la niebla comenzaba a despejarse y poco a poco surgía imponente la gigantesca montaña, verde como el lugar donde hay vida, con su marca distintiva, casi en su centro, una pequeña parte carente de vegetación que deja en descubierto el pedregoso acantilado. Es tan misterioso todo con respecto a este lugar que desde pequeño anhele poder explorar un poco de la virginidad de sus rincones. Lo hice gracias a Dios, subí hasta allá arriba y aunque agotador fue el camino, no podría explicar humanamente la sensación que produce el pararse cerca del precipicio y mirar lo diminutas que lucen las cosas que pensamos son grandes, el ver las nubes desde un punto t...