El ritual de tostar un café.
Hay una magia en ese rito, existe algo mítico que se queda grabado en la mente de quien puede o ha vivido la experiencia de ver tostar un café. El caldero bien tiznado y ya manchado en su interior por la inmensa cantidad de veces que ha visto el baile de los granos de café cambiando de color y desprendiendo ese aroma, el más sensual del campo. Comienza el ritual, ella con su cabello cubierto para no dejar impregnar el olor que es inevitable. El humo invade la cocina y se dispersa por doquier en columnas que viajan por el barrio anunciando que "alguien está tostando café". Sudando y meneando sus brazos que mueven una paleta de madera del mismo color que el interior del caldero, sube y baja, adelante y atrás remueve sin descanso el montón de granos que ya ha perdido su color natural. Así continúa hasta un momento, un instante exacto en el que comienza lo más importante y lo que distingue a un café tostado del otro, añadir el azúcar. ¿Cómo?, ¿cuándo?, qué cantidad?...